El mes de junio de 2026 fue el más caluroso jamás registrado en Europa occidental y el segundo más caluroso a escala mundial. El cambio climático es una realidad que cada año se hace más visible, con consecuencias importantes y, en ocasiones, catastróficas para el sector agrícola. En todo el mundo, la frecuencia y la intensidad de los fenómenos climáticos extremos están aumentando. En Europa, las olas de calor, que en ocasiones superan los 40 °C, van acompañadas de sequías prolongadas. En otras partes, los episodios de lluvias torrenciales provocan inundaciones y deslizamientos de tierra. La virulencia de estos fenómenos pone a prueba los suelos, los cultivos y el ganado. Independientemente del continente o del sistema de producción, todos los agricultores se enfrentan ahora a una misma pregunta: ¿cómo hacer que las explotaciones agrícolas sean más resilientes ante los trastornos climáticos?
Tanto las observaciones sobre el terreno como un número cada vez mayor de trabajos científicos sugieren que las prácticas desarrolladas en agroecología, agricultura ecológica y biodinámica pueden contribuir a mitigar los efectos de estas perturbaciones (Altieri et al., 2015; Santoni et al., 2022; Rigolot y Quantin, 2022). El denominador común de todas ellas es que buscan la resiliencia de los agroecosistemas en lugar del máximo rendimiento a corto plazo. Se trata de la capacidad de mantener un funcionamiento coherente a pesar de las perturbaciones, las incertidumbres y las fluctuaciones climáticas.
Diversificar los sistemas de producción
La primera clave de esta resiliencia reside en la diversificación de los sistemas agrícolas. La combinación de cultivos extensivos, ganadería, arboricultura, horticultura y espacios seminaturales (setos, praderas, charcas o bosquecillos) permite multiplicar las interacciones beneficiosas entre los distintos componentes de la explotación.
Los árboles proporcionan sombra a los cultivos sensibles y al ganado, al tiempo que limitan los efectos desecantes del viento. Los sistemas radiculares exploran diferentes profundidades del suelo, mejorando su funcionamiento hidráulico y su estabilidad. Por su parte, no todos los cultivos reaccionan de la misma manera ante los episodios climáticos extremos; su diversidad reduce así el riesgo de pérdidas simultáneas y distribuye los períodos de producción a lo largo del tiempo.
Esta visión coincide con la del «organismo agrícola» en la biodinámica, pero también con los principios de la agrosilvicultura, la permacultura o la agricultura sintropica, que buscan restaurar ecosistemas agrícolas complejos, autónomos y resilientes (Jacobi et al., 2025).
Más allá de la reducción de riesgos, los sistemas diversificados suelen producir más biomasa y favorecen el almacenamiento de carbono en los suelos. Esta acumulación de materia orgánica mejora progresivamente la estructura del suelo, aumenta su capacidad de infiltración y retención de agua y contribuye a mantener temperaturas más frescas en los horizontes superficiales. Todas ellas son características esenciales para hacer frente a las sequías y a las olas de calor.
Suelos ricos en humus para retener el agua y preservar la fertilidad
La segunda clave de la resiliencia se encuentra bajo nuestros pies. El humus desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de los suelos, no solo como reserva de carbono, sino también como auténtico artífice de su estructura.
Los trabajos recientes de Alessandro Piccolo demuestran que los compuestos humificados se asocian estrechamente con las partículas minerales para formar complejos organominerales especialmente estables (Piccolo y Drosos, 2025). Esta organización favorece la formación de agregados resistentes a la erosión, al tiempo que crea una red porosa capaz de almacenar y redistribuir eficazmente el agua en el perfil del suelo. Un humus fértil y activo se desarrolla aún más en suelos vivos, es decir, ricos en microorganismos, ya que es la vida microbiana la que produce un humus de calidad. No se trata únicamente de almacenar carbono muerto en los suelos, lo que puede resultar contraproducente desde un punto de vista agronómico.
El humus constituye, por tanto, un auténtico regulador hídrico: mejora la infiltración de las lluvias, limita la escorrentía y aumenta la reserva de agua disponible para las plantas durante los períodos de sequía. También contribuye a la fertilidad física, química y biológica de los suelos. Al favorecer la disponibilidad de nutrientes, estimular el desarrollo radicular gracias a efectos de tipo hormonal e influir positivamente en las comunidades microbianas de la rizosfera, crea condiciones favorables para el crecimiento de los cultivos, incluso cuando las condiciones climáticas se vuelven más adversas.
El uso de preparados biodinámicos, en particular el estiércol de cuerno (500 y 500P) y los preparados del compost (502 a 507), permite estimular la actividad microbiana de los suelos y favorecer el desarrollo de la materia orgánica del suelo en forma de humus. Los estudios científicos coinciden, por tanto, con las observaciones de los agricultores, para quienes las prácticas biodinámicas permiten realmente reforzar la resiliencia y la vitalidad de los suelos, especialmente en años difíciles. Las pruebas que apuntan en esta dirección son cada vez más numerosas en Francia (Zappellini et al., 2022), en Suiza (Krause et al., 2022), en Italia (Mazzei et al., 2024), en Alemania (Milke et al., 2021), en Egipto (Harm, 2025), así como en otros territorios (Christel et al., 2021; Santoni et al., 2022).
¿Plantas naturalmente más resistentes?
El desarrollo de una biota agrícola diversificada y de suelos fértiles, ricos en humus, constituye una base sólida para mejorar la resiliencia de los cultivos. Se podría dar un paso más si las propias plantas desarrollaran una mayor capacidad de adaptación a los distintos factores de estrés relacionados con el cambio climático: calor, sequía, salinidad o enfermedades.
En viticultura, investigadores franceses han demostrado que las respuestas de las plantas ante el estrés climático y los ataques de patógenos difieren según el sistema de cultivo. Las viñas cultivadas según los principios de la agricultura biodinámica presentaban una mayor plasticidad de respuesta que las viñas cultivadas mediante agricultura convencional (Soustre-Gacougnolle et al., 2018).
Entre los factores que pueden contribuir a estos mecanismos, el silicio de cuerno (501) constituye hoy en día una línea de investigación especialmente interesante. Estudios recientes muestran que puede influir en la actividad fisiológica de las hojas, en particular en la fotosíntesis y en ciertos mecanismos implicados en las respuestas al estrés (Pettinelli et al., 2023). En términos más generales, los conocimientos sobre el papel del silicio en las plantas indican que este participa en el fortalecimiento de los tejidos vegetales y en la activación de diversas vías de defensa naturales (Collins et al., 2024). La investigación continúa con el fin de comprender mejor la contribución específica del preparado 501 a estos mecanismos.
Ningún preparado biodinámico constituye, por sí solo, una respuesta a los retos que plantea el cambio climático. Es la coherencia del conjunto del sistema de cultivo lo que permite reforzar progresivamente la capacidad de los suelos y las plantas para hacer frente a las perturbaciones. Sin embargo, aunque ciertas prácticas permiten reforzar la tolerancia a condiciones climáticas difíciles, no hacen milagros cuando estas se vuelven extremas. Por lo tanto, es necesario plantearse la resiliencia y la solidaridad a mayor escala.
Las soluciones para hacer frente a los retos climáticos deberán ser globales y inscribirse en una perspectiva a largo plazo (Altieri et al., 2015). Se basan en prácticas agronómicas que favorecen los suelos vivos, los sistemas de producción diversificados y los cultivos capaces de adaptarse mejor a las incertidumbres. También suponen una movilización colectiva: los agricultores no pueden asumir por sí solos la responsabilidad de esta transición.
Investigadores, docentes, consumidores, representantes políticos, empresas y ciudadanos: todos tenemos un papel que desempeñar para contribuir al desarrollo de una agroecología resiliente, aquella que nos permita alimentarnos de forma saludable en el contexto incierto actual. Estas crisis nos invitan a estar más unidos y a ser más solidarios, es decir, más humanos.
Referencias
Altieri, M. A., Nicholls, C. I., Henao, A., & Lana, M. A. (2015). Agroecology and the design of climate change-resilient farming systems. Agronomy for Sustainable Development, 35, 869–890. https://doi.org/10.1007/s13593-015-0285-2
Christel, A., Maron, P.-A., & Ranjard, L. (2021). Impact of farming systems on soil ecological quality: A meta-analysis. Environmental Chemistry Letters, 19, 4603–4625. https://doi.org/10.1007/s10311-021-01302-y
Collins, C., Bloomfield, S., Hansen, L., & Gilliham, M. (2024). Can silica application enhance vine performance and quality? OENO One, 58(4). https://doi.org/10.20870/oeno-one.2024.58.4.8192
Harm, J. (2025). Egyptian Bio-dynamic Association — How can an economy of love, inspired by SEKEM, contribute to a system change? In J. Kronenberg & E. T. Lammerts van Bueren (Eds.), On the Earth We Want to Live (World Sustainability Series). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-031-98758-8_22
Jacobi, J., Andres, C., Assaad, F., et al. (2025). Syntropic farming systems for reconciling productivity, ecosystem functions, and restoration. The Lancet Planetary Health, 9, e314–e325.
Krause, H. M., Stehle, B., Mayer, J., et al. (2022). Biological soil quality and soil organic carbon change in biodynamic, organic, and conventional farming systems after 42 years. Agronomy for Sustainable Development, 42, 117. https://doi.org/10.1007/s13593-022-00843-y
Mazzei, P., Sica, A., Migliaro, C., et al. (2024). MRI and HR-MAS NMR spectroscopy to correlate structural characteristics and the metabolome of Fiano and Pallagrello grapes with the action of field spray preparation 500 and the soil spatial microvariability. Chemical and Biological Technologies in Agriculture, 11, 131. https://doi.org/10.1186/s40538-024-00620-x
Milke, F., Rodas-Gaitan, H., Meissner, G., Masson, V., Oltmanns, M., Möller, M., Wohlfahrt, Y., Kulig, B., Acedo, A., Athmann, M., & Fritz, J. (2024). Enrichment of putative plant growth-promoting microorganisms in biodynamic compared with organic agriculture soils. ISME Communications, 4(1), ycae021. https://doi.org/10.1093/ismeco/ycae021
Pettinelli, S., Buzzi, L., Ceccantoni, B., et al. (2023). Is there any influence of biodynamic preparation 501 on the physiological activity of grape leaves cv. Cesanese d’Affile? Chemical and Biological Technologies in Agriculture, 10, 114. https://doi.org/10.1186/s40538-023-00492-7
Piccolo, A., & Drosos, M. (2025). The essential role of humified organic matter in preserving soil health. Chemical and Biological Technologies in Agriculture, 12, 21. https://doi.org/10.1186/s40538-025-00730-0
Rigolot, C., & Quantin, M. (2022). Biodynamic farming as a resource for sustainability transformations: Potential and challenges. Agricultural Systems, 200, 103424. https://doi.org/10.1016/j.agsy.2022.103424
Santoni, M., Ferretti, L., Migliorini, P., Vazzana, C., & Pacini, G. C. (2022). A review of scientific research on biodynamic agriculture. Organic Agriculture, 12, 373–396. https://doi.org/10.1007/s13165-022-00394-2
Soustre-Gacougnolle, I., Lollier, M., Schmitt, C., et al. (2018). Responses to climatic and pathogen threats differ in biodynamic and conventional vines. Scientific Reports, 8, 16857. https://doi.org/10.1038/s41598-018-35305-7
Zappellini, C., Dequiedt, S., Tripied, J., Horrigue, W., Barré, P., Masson, V., Madouas, M., Mathé, A., Gervais, J.-P., Terrat, S., Maron, P.-A., & Ranjard, L. (2025). Ecological impact of conventional, organic and biodynamic viticultural systems and associated practices on soil microbiota in different French territories. Agriculture, Ecosystems & Environment, 392, 109748. https://doi.org/10.1016/j.agee.2025.109748
