La Tierra ha perdido recientemente a una de las personas que más la amaban y la entendían mejor. Matías (Matthew Todd) Baker falleció el 23 de abril tras una larga lucha contra el cáncer, a los 49 años.
Con el corazón pesado y con una inmensa gratitud, deseamos rendir homenaje a Matías Baker, un colaborador entregado, innovador y asesor en la comunidad de Agricultura Biodinámica. Matías era un maestro, un alquimista, un artista con una visión firme y profunda para sanar la Tierra a través de la agricultura biodinámica. Se conectó con personas de muchas comunidades que cuidaban la tierra, siendo pioneros de forma continua para lograr una transformación creativa y luminosa del mundo natural. Matías compartió generosamente esta pasión con muchos, y quienes le conocieron recordarán su extraordinario espíritu creativo, su mente inquisitiva y su deseo de ayudar a las personas a vivir en mayor armonía con la Tierra.
Matías aportó sabiduría, atención y arte a la elaboración de los preparados biodinámicos, y como asesor era disciplinado y exigente. En el sentido más profundo de la palabra, era hermano de la Biodinámica en América. De su gran corazón, manos, voz y sabia guía, surgieron muchos nuevos miembros de la comunidad Biodinámica que ahora trabajan en países de toda América. Matías enseñó a interpretar y vivir según los ritmos cósmicos, a respetar fuerzas más allá de lo visible y a entender que la Tierra es un ser vivo digno de reverencia y una conexión sagrada. Más que conferencias, sus sesiones de entrenamiento eran encuentros profundos y quienes llegaban buscando técnicas descubrían en cambio una filosofía y una ética que ofrecían una forma diferente de navegar por el mundo. Matías tenía el don de hacer sentir a la gente que cultivar la tierra era un acto sagrado y que cada preparado biodinámico, cada siembra en armonía con el cosmos y cada compost bien hecho era una forma de comunicación con algo más grande que nosotros mismos. Los agricultres biodinámicos en muchas partes de América llevan consigo las semillas y dones que él transmitió con cariño a través de su corazón y sabiduría.
Muchos lloran su partida y muchos llevan una parte de él en su trabajo diario en las granjas, produciendo alimentos que nutren el cuerpo, el alma y la comunidad. La memoria de Matías vivirá en las personas a las que tocó y en la tierra que tanto apreció. Su mayor cosecha es la belleza, la sabiduría y la cultura del corazón que cultivó.
Querido Matías, gracias por tu tiempo, dedicación y amor sin límites. Gracias por enseñarnos que la agricultura es una asociación sagrada, no una lucha. Que la tierra no es un recurso, sino un ser vivo. Que los agricultores biodinámicos no trabajan en la tierra, sino con ella. Que descanses en paz en la tierra y vueles a nuevas alturas en el mundo espiritual.
Eduardo Rincón
